miércoles, 26 de septiembre de 2012

Parada n° 2: Abstract

 


En el libro Educación y alteridad: las figuras del extranjero, Graciela Frigerio y Gabriela Diker reúnen un grupo de autores que desde diversas perspectivas analíticas retoman el concepto del extranjero como metáfora que les permite reflexionar críticamente sobre las cuestiones de identidad, la alteridad y el Otro en educación. En la introducción del libro se señala que la metáfora del extranjero se reconoce como un símbolo y como uno de los nombres de la alteridad. Al mismo tiempo, la reflexión sobre el extranjero permite a los autores posicionarse ante el mundo, marcando la extranjeridad como política, como construcción que valora una ética de la alteridad del semejante, que constituye la identidad de los sujetos considerando a la identidad como movimiento entre lo propio y lo extraño, entre lo uno y lo múltiple.
El primer capítulo presenta el escenario, adelantando el sentido del concepto que se abordó en un seminario que fue el que dio origen al texto. Lo extranjero implica lo que está fuera de los límites; de las fronteras que implican que alguien esté adentro y otro afuera. En ese sentido, lo extranjero se conecta con la contrafigura del cosmopolitanismo, que se define como la capacidad de solidarizarse con los otros aunque no sean de su tierra, sino extranjeros. Al mismo tiempo, el capítulo uno explora el camino interconectado entre la extranjeridad y la educación. Lo extranjero se relaciona con el extrañamiento como proceso que provoca la sorpresa y despierta la imaginación. En ese sentido, lo extranjero provoca procesos que no se limitan en repetir rutinariamente un trabajo particular. Desde esa perspectiva, “la educación se entiende como el movimiento de extranjería, de volver familiar lo desconocido y encontrar en lo familiar el enigma que preserva y moviliza”.
La noción del extranjero se plantea desde de un contexto postmoderno—aún y cuando los autores no lo explicitan así—que permite proyectar líneas de análisis ante los síntomas de desorientación y desconcierto en la vida social, el agotamiento de enfoques, de disciplinas y de discursos. Esto lleva a los autores a elaborar unas preguntas claves que son un eje de todo el trabajo: “¿Cómo alojamos al pensamiento diferente? ¿Cómo hospedamos a la diferencia que reside en cada uno de nosotros como extranjero?”. A partir de estas preguntas, se consideran necesarias las prácticas del diálogo y la escucha como elementos constitutivos de una educación liberadora que tome en cuenta al Otro y a la alteridad: una educación que incorpore prácticas pedagógicas, “que renuncien a llenar de certezas… los territorios donde la incertidumbre  -llamada también extranjeridad - no es inhibitoria”.
En los capítulos siguientes, la figura del extranjero es contextualizada desde diferentes miradas. Por ejemplo, se explora históricamente, ubicando el nacimiento de la noción de lo extranjero desde el renacimiento, moviendo el análisis hasta el rol que juega en la formación de identidades en los tiempos actuales. Resulta interesante enfatizar que en la reconstrucción histórica del concepto se encuentra una sólida conexión entre lo extranjero, el asombro, la diferenciación y la consecuente exclusión que se genera en contra del extranjero, con una base fuerte de racismo, fundamentalismo religioso y falta de tolerancia hacia lo diferente y, por supuesto, con quien es diferente. Desde esta perspectiva, los extranjeros son y han sido un problema para las utopías que presentan el mundo como algo transparente, ordenado y predecible, por que el extranjero “es el enemigo de la uniformidad y la monotonía”.
Esta perspectiva desenmascara el fundamento exclusión que se aplica cuando se cataloga a alguien como extranjero, porque los extranjeros “son las personas que no comparten el mapa estético, moral y cognitivo del mundo dominante”. Los extranjeros hacen oscuro lo que debe ser transparente; confuso lo que debe ser claro y directo. Los extranjeros “contaminan” la felicidad con ansiedad, gestando la falta de certeza que provoca el sentimiento de estar perdido en el mundo. En ese sentido, los humanos que traspasan esos límites del mundo ordenado se convierten en extranjeros.
Un aspecto fundamental del texto es la interconexión que se trata de establecer con lo concreto, con las prácticas educativas, con la pedagogía y con la educación como sistema en general. Por ejemplo, en el capítulo llamado “Lengua, identidad nacional y prácticas educativas”, Andrea Berenblum señala que “los sistemas nacionales de educación asumieron la difícil tarea de difundir una imagen de nación particular…” Lo que al mismo tiempo llevó a que se considerara que ciertas lenguas tienen más valor o son superiores a otras; o que ciertos usos de las lenguas son más correctos que otros, lo que da pie a que variaciones culturales muy particulares de las lenguas sean vistas como deformaciones de la misma, como sucede con el Spanglish en la frontera sur de los Estados Unidos y su lenta pero constante incorporación en América Latina, o el Portuñol al que Freire se refirió cuando en Argentina estaba compartiendo sus ideas en Español.
Sin embargo, así como se reconoce que la escuela como sistema ha influido en determinar límites, fronteras, exclusiones y “nombrando” extranjeros a través de ofrecer un conocimiento homogenizante que no considera las particularidades de los sujetos, constituyéndose en un instrumento de exclusión; al mismo tiempo puede ser un instrumento primordial en la construcción de una nueva narrativa, de hacer escuchar las historias silenciadas, como proceso de recuperación de la memoria para hacer visibles las relaciones de poder que generalmente se ocultan para constituir las diferencias. En ese mismo sentido, el extranjero ha sido el silenciado, el no visto, el que no tiene derechos, por el que la escuela debe incorporar el respeto a la alteridad como camino para que también nos reconozcamos como extranjeros y aprender a respetar al Otro. Reconocer y valorar la alteridad nos permitirá la posibilidad de llegar a ser cosmopolitas como se mencionó con anterioridad. Alcanzar el cosmopolitanismo contribuye a que no confundamos la tolerancia superficial del aparente respeto por el otro, con el cosmopolitanismo como actitud y creencia que mueve a la acción real de la inclusión, del reconocimiento recíproco.
La conexión entre la metáfora del extranjero y lo concreto sirve para ubicar a los maestros como extranjeros del campo de la pedagogía, ponderando los procesos históricos que han ido delineando lo que es ser maestro y cómo es que ahora los maestros parecen ser ajenos a los procesos educativos por las reglas y conceptos que se han implantado recientemente en el campo educativo.
Esto debe llevarnos a considerar cuestiones como el tipo de formación que reciben los maestros, ¿universitarios o normalistas? ¿Qué reglas y ordenamientos pedagógicos cambian cuando se recibe una formación u otra? ¿Son los maestros agentes consientes con la capacidad de determinar su propia práctica o ésta es delimitada por otros fuera del campo educativo? ¿Son capaces los maestros de determinar el tipo de ciudadano que se debe formar o solamente siguen los lineamientos que los estados liberales, fundamentados en el capitalismo global y salvaje, determinan?
Otra dimensión importante que se aborda en el texto es lo particular a la exclusión e inclusión. Aspectos fundamentales de esta relación son considerados. Por ejemplo, obligatoriamente todos los niños van a la escuela, pero no todos están incluidos. Al mismo tiempo, esta reflexión lleva a los autores a señalar algo que es fundamental en los tiempos actuales a nivel mundial, que dentro de la lógica del libre mercado se ha ido destruyendo el compromiso social hacia todos los ciudadanos, especialmente hacia los que más apoyo requieren y que ahora con mayor frecuencia son considerados desechables; por lo tanto, desde los fundamentos de clase y raza, los niño(as) que van a la escuela no son tratados de la misma manera, no existe más la garantía de igualdad entre los ciudadanos y, consecuentemente, no todos reciben las mismas oportunidades. Unos son incluidos y otros no; sin embargo, el lado oscuro de esta observación es que la exclusión no es de la escuela hacia los niños(as) sino en la escuela, y que poco a poco se ha ido volviendo una práctica totalmente normal. Esto se observa incluso en el aparente inocente lenguaje que usamos para determinar quién es aceptado y quién no; es decir, desde que catalogamos a los alumnos como estudiantes en riesgo, en desventaja cultural, o como pobres, estamos determinando quiénes están dentro y quiénes fuera, los que pueden aprender y los que no. Esto tiene repercusiones en cuanto a las prácticas que desarrollamos al interior de las escuelas. El reconocer este estado de las cosas, nombrar por su nombre las situaciones que no son correctas ni justas, favorecerá que los maestros, asumidos como extranjeros o cosmopolitas, luchen en las escuelas para que las prácticas escolares sean significativas y mas justas.
Este texto nos permite retomar de nuevo el discurso de la esperanza de que se debe empezar a nombrar las cosas por lo que son; de posicionarnos políticamente ante las injusticias y exclusiones, tanto en lo social como al interior de las escuelas. Este conjunto de reflexiones de los autores del libro deben irnos señalando una ruta para re-politizar la escuela, desenmascarar los actos de exclusión que se presentan como actos de inocentes y de aparente cuidado por los que son denominados extranjeros (por ejemplo, los programas para niños en riesgo, programas paralelos y por lo tanto excluyentes–segregantes de educación especial). Al mismo tiempo, este texto como posibilidad, abriga la esperanza de que podamos considerar que, si adoptamos el punto de vista del extranjero sobre la realidad cotidiana, es como mirar inquisitivamente y con capacidad de asombro el mundo en el cuál uno vive. Es empezar a observar detalles y patrones de acción que no habíamos visto antes; es mirar con nuevos ojos y así no tomar como dado e inamovible ningún patrón cultural, sino que tendremos que re-interpretar, re-ordenar lo que ahora vemos bajo y que antes no. Vernos como extranjeros es como maravillarnos y cuestionar como voz crítica lo que se quiera dar por sentado y establecido; es cuestionar lo incuestionable, contribuyendo nuevas perspectivas a lo que los demás consideran como evidente o natural; es no dejar que se siga excluyendo a los niños y niñas por cuestiones de raza, clase, orientación sexual de los padres, o perspectiva ideológica.
Estamos invitados a tener la disposición de tomar el punto de vista de un extranjero, de un recién llegado, y estar dispuestos a crear nuevas perspectivas para convertir nuestra enseñanza en nuestro proyecto. El maestro como extranjero estará continuamente comprometido en interpretar una realidad por siempre nueva, nunca rígida ni acabada. En ese sentido, el maestro como extranjero será más libre, práctica y teóricamente, porque no pensará de manera tradicional; a diferencia de los que no toman esa perspectiva, de los que no quieren modificar su realidad, los maestros como extranjeros serán capaces de analizar las condiciones existentes con menos prejuicios; sus criterios serán más generales. Eso nos permitirá tratar conscientemente de reflexionar junto con nuestros estudiantes, coexistiendo con ellos/ellas, sin ser los controladores o banqueros” del conocimiento en el sentido Freireano.

martes, 4 de septiembre de 2012

Entre parada y parada: otros autores nos cuentan..

    

“.. Tú y el otro son uno,

siempre lo han sido y siempre serán,

sólo piensas que no lo eres.”


Padre Thomas Keating

 


    Consideremos la estrecha relación entre la antropología y a la alteridad como algo más allá de la metodología, consideremos esta relación como un estrecho lazo emocional, en donde la alteridad es dadora de vida a la pregunta antropológica y la antropología como descendiente de la alteridad, evoluciona o se establece en lo aprendido de ella, permitiendo que en esta estrecha relación se produzcan criterios que dan argumento a la definición y forma de las posibles y diversas identidades que surgen y se funden en otras nuevas en el transcurso de la historia y desarrollo de la ciencias antropológicas.
    Analizar el papel que la alteridad tiene en las ciencias sociales y la capacidad que se desarrolla a partir de ella para el reconocimiento del Yo y de su diferenciación con el Otro para establecer una identidad dominante, es parte importante para la creación de imágenes de las culturas.
    Podemos delimitar tres corrientes de la alteridad en la antropología; la antropología evolucionista, que consideraba al otro en una etapa evolutiva inferior a la del observador, la antropología funcionalista, con representantes como Bronislaw Malinowski, la cual entiende al "otro" como lo diverso y la antropología estructuralista, con Claude-Levi Strauss como exponente donde la diferencia con el otro (culturas primitivas y las culturas presentes) está en quienes poseen el "capital cultural" entendiendo que la otredad está confeccionada por la sociedad occidental.
    Para Krotz el ver a otros seres humanos como "otros" es reconocer a los seres completamente diferentes como iguales, es la constatación de las diferencias y esta se da gracias al Viaje gracias al cual, se puede experimentar lo ajeno.
    El Viaje para el antropólogo y la comunidad que observa, tiene consecuencias observacionales sobre el conocimiento del otro y en base al principio antrópico la alteridad seria entonces directamente proporcional a la distancia que hay entre esta y el observador y es por lo tanto consecuencia de las teorías cosmológicas del momento.
    La alteridad y la antropología están en un momento de transición, donde la percepción de la alteridad como una subordinación del uno con el otro, (occidental-no occidental) requiere de ser vista mas allá de la subordinación sino como un proceso de comunicación social complejo y en el cual los espacios en los que se da son más recurrentes y están sujetos al observador. La pregunta antropológica se encuentra afectada por el observador y su percepción equilibrada o imaginaria del otro.
    Plantear la alteridad desde la antropología con una influencia cuántica es verla como una válvula de control de la realidad donde existan tantas realidades como dominios de explicación pueda el observador proponer. La pegunta antropológica se ha dado mirando hacia las diferencias de los otros, quienes pertenecían a pueblos diferentes, sin embargo los nuevos espacios entre pueblos se han estrechado y la otredad parece quedar en el interior en algunos casos, generando la necesidad de nuevas perspectivas y quizá nuevas necesidades epistemológicas para crear la imagen de la alteridad.
    Para una antropología en búsqueda de la sobrevivencia de su campo, en tiempos de la supramodernidad, donde lo denominado exótico por la mirada occidental está desapareciendo o fundiéndose en nuevos espacios globales, la alteridad se modifica también y nos puede llevar a considerar que la otredad no está en encontrar lo diferente para conocer el Yo, sino que conocer el Yo (que siempre han estado ahí) me dará mejor conocimiento del Otro, esto desde una perspectiva cuántica de los sistemas sociales y del universo, la cual podría llevaría a la antropología a una alteridad de sí misma como ciencia, creando un nuevo perfil del observador (motor del estudio etnológico) y su impacto en el observado (sujeto del cual el observador hace consciencia de él) para encontrar un nuevo camino de desarrollo de la antropología donde lo exótico se traslade a una nueva otredad interdisciplinaria, cuyos espacios y tiempos se comparten en los que Marc Augé, en su "El Sentido de los Otros", denomina no-lugares para lograr un dialogo continuo de la ciencia social con los sujetos sociales.  
    La identidad requiere de la presencia de los otros para su existencia y para la antropología el circulo de comunicación entre estos es lo que da lugar a la observación de alteridades.    La antropología trata ahora no solo con la alteridad sino con los espacios que esta ocupa, los cuales tienen un nuevo sentido social. La alteridad y la identidad se forman ahora a través de lo que Auge denomina Exceso: Exceso de Tiempo, Exceso de Espacio y Exceso de Individualismo, teniendo ahora no una alteridad salvaje no occidental sino a un "otro" global, está en todos lados, está cerca y también está lejos. Ahora el otro más lejano no es tan diferente de los otros más cercanos.
    Este otro global, es el que pone al antropólogo ante una alteridad imprevista, fuera de la necesidad occidental de definirse con respecto al otro lejano, ahora el otro es parte del uno y es esto lo que lleva al científico social a re-escribir sus proyectos y repensar los objetivos. 
    La importancia del Otro está en el reconocimiento de las cualidades y beneficios de nosotros y la protección contra el peligro que representa el otro y sus diferencias para el observador.
    El procedimiento de reconocimiento de la alteridad en la antropología es la observación y la abstracción de la realidad a percepciones, conceptos y decisiones que nos permiten manipular el medio que nos rodea.
    En si el conocimiento del otro conlleva la intención de controlarlo, pensando en que un individuo no es sin lo social y lo social no puede existir sin individuos, poder mantener este círculo social requiere del control de los otros, de aquellos que no pertenecen al grupo y que pueden poner en peligro los medios de control conocidos per se. El conocimiento de la alteridad no solo otorga identidad al grupo, añade la posibilidad de protegerse de él.
    La alteridad se ha modificado en relación a las necesidades del mundo occidental de protegerse, incrementarse, desarrollarse e inclusive fusionar culturas diferentes y que por otredad han sido consideradas de menor importancia o con menores capacidades cognoscitivas o de desarrollo, pero útiles para establecer la plataforma de desarrollo del grupo dominante (el grupo del observador).
    El conocimiento y reconocimiento de la alteridad da lugar a la explicación o validación del sistema social del cual es parte el observador (antropólogo) y justifica la efectividad de la normatividad del grupo en relación al barbarismo que puede mostrar el otro "salvaje" o de inferior desarrollo al del observador. La complejidad actual de la alteridad está en que el otro no es inferior o exótico, sino globalizado, en donde el otro puede mirar y analizar a su alteridad aun cuando este se encuentre en un grupo dominante y aun cuando el otro tenga sus limitantes al respecto, también tiene a sus propios observadores. La alteridad tiene dos lados, como en una moneda, contrapuestos pero solo por momentos cuando el observador hace sus elecciones y gana conocimiento especifico sobre una de estas caras y sin embargo ambos son parte de un mismo objeto en la aldea global.
    La alteridad ha sido y aun es una puerta a la comunicación, han permite un reacomodo de los lazos sociales y de los organismos comunicacionales entre el observador el grupo al cual pertenece y los otros. Esta interacción entre el otro y el uno da lugar a la realidad.
    Dentro de esta observación científica de la alteridad es donde la antropología se encuentra con la necesidad de plantear la pregunta de forma diferente, de forma que le permitan relacionarse con otras disciplinas o ciencias duras, las cuales han sufrido de igual forma de sus propias evoluciones y que por momentos las acercan a concepciones sociales y universales de la existencia. Tomemos por ejemplo, la alteridad afectada por la cuántica, lo cual afecta en cierta medida el método etnográfico de la antropología (si no es que ya lo hizo) consecuentemente la identidad de las alteridades cambia.
    Los lazos sociales, sus organismos y formas de comunicación se reorganizan en relación a la perspectiva que se tenga del otro. La alteridad no solo en una visión filosófica del grupo, sino la herramienta que permite la relación entre culturas diversas.
    La alteridad le da la oportunidad al observador (antropólogo) no solo de mediar entre grupos, para lograr una mejoría entre ellos, sin importar quien domina y quien es dominado, sino de que el grupo al que pertenece pueda ser otro con respecto a si. La selección de las observaciones hechas al respecto ha creado y creara la metodología interdisciplinaria requerida para el conocimiento de la actual otredad global.
    A diferencia de la ciencia clásica que considera una separación absoluta del observador y el observado, podemos decir que el campo de las ciencias requiere de la interdisciplinariedad, la cual puede facilitarse partiendo de que el observador y el observado son correspondientes y relativos al sistema de referencia bajo el que se mira a los observados formando una regla de comunicación.
     Reorientar la pregunta antropológica bajo una perspectiva más consciente de los cambios que el observador produce en lo que mira ofrece una oportunidad para reavivar la antropológica como ciencia en países Latinoamericanos, donde la antropología busca ganar su propio espacio, analizando una alteridad independiente de los miedos y necesidades occidentales.
    La alteridad no solo permite la identidad nacional , también la diversidad interna de la nación la cual se ve afectada por el espacio y tiempo en el que se da la observación. El reto de la alteridad en una época globalizada, en donde la individualidad es prioridad en el grupo se vuelve la observación del otro más cercano, menos exótico y mas similar al observador.